Nací el 4 de enero de 1968, era jueves y el cielo se derrumbaba con una tormenta cargada de presagios. Llevo en las venas sangre de muchas razas y religiones, será por eso que poseo el don de la conciliación con mayúsculas y la necesidad de que todos los seres que me habitan lleguen a un acuerdo y vivan en paz.
Puse mis raíces en un pueblo que me dio permiso a regañadientes, para construir un presente con derecho a futuro, desde donde hoy se despliegan mis hijos y mis sueños.
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